Duele cuando te dicen que eres fea. Duele la indiferencia con la que algunas personas te miran cuando te ven pasar. Duele que ni tus mejores amigos te consigan animar, con mil y una escusas para que sonrías y veas que no lo eres, que no estás tan mal.
Pero lo que más duele es verte en el espejo y darte asco.
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